Las exequias o funerales, son el conjunto de ceremonias u oficios solemnes dedicados a un difunto días antes de su sepelio o entierro, ​ y periódicamente en cada aniversario de su muerte.​ En general en México se tiene un profundo respeto por la muerte y por los difuntos. En Zaachila, la forma de enterrar a nuestros muertos es el resultado de una mezcla de tradiciones tanto prehispánicas como las traídas por los españoles, que son esencialmente católicas.

Básicamente los funerales son una de las máximas expresiones de la Guelaguetza, pues al enterarse que un familiar, vecino o simplemente un conocido ha fallecido; las personas “de buena voluntad” acuden al domicilio de quienes participan del fallecimiento con almudes de arroz, frijol, azúcar,  pasta para sopa o medidas de mezcal.

Los familiares y amigos, llegan también para ayudar en la preparación de la comida y las bebidas que han de repartirse en la velación, y a acondicionar el lugar para recibir a las personas que acompañaran durante el velorio y el día del entierro.

Al día siguiente del fallecimiento, tiene lugar la velación, misma que es anunciada desde la mañana por los altavoces o “tocadiscos” de la población, haciendo mención que el difunto ha fallecido ese mismo día a eso de las 2:00 de la madrugada.

Hoy a las 2:00 de la madrugada, falleció confortado por todos los auxilios espirituales…
el duelo se recibe en el domicilio…

Para la velación se preparan frijoles para acompañar ya sea chicharrón o biuses, una taza de chocolate de agua y dos panes. Y es en el momento de servir que entran en juego dos tradiciones más. La primera, es que si alguien acude solo al velorio, se le pone comida para dos personas “para que le lleve al marido” se suele decir. Y la segunda consiste en repartir mezcal entre los asistentes. Esta es una tradición zapoteca que se originó en los funerales de miembros de la realeza y también en sacerdotes o militares de alto rango; ya que al morir estos, eran enterrados con sus discípulos más cercanos, que tenían el honor de acompañar a su superior. Ya que como acompañantes tenían garantizada su entrada al “cielo” por ser escoltas de alguien importante en su trance entre ambos mundos. Y precisamente para ir relajando a los acompañantes del recién fallecido, se les servían varios canutos de mezcal.

Todas las personas que asisten a las exequias llevan flores y/o velas, así como algo de apoyo económico para los dolientes. Al día siguiente, para los que asisten por la mañana, se prepara un desayuno consistente en higaditos de pollo, chocolate de agua y sus dos panes. Después del medio día se comienza repartir la comida, primero una sopa caldosa con unas rajitas de jalapeño en vinagre y posteriormente mole con pollo.

Posterior al entierro y hasta que se realiza la misa por los nueve días del fallecimiento, se lleva a cabo una serie de rosarios. Cada noche, al finalizar estos, se invita a los asistentes algún refrigerio y alguna bebida calientita.

Previo a la misa de nueve días se elabora un tapete de flores, y arena, y se buscan padrinos de cruces, una de flor y una de madera. La noche previa a la misa de nueve días, se velan las cruces y al otro día se llevan a misa y posteriormente a la sepultura del finado.

EXEQUIAS

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